La 100 en vivo

La otra “Gremlins”, la película que Disney jamás hizo: nazis, traición y monstruos que destrozan aviones de guerra

Hay un lado B del personaje que es un clásico de las fiestas de Fin de Año y Navidad.
Gizmo, el personaje central de «Gremlins»
“Tenés que cumplir tres reglas: que no se moje, que no reciba luz directa y, sobre todo, que no coma después de la medianoche”. Así son las tres normas que, en Gremlins, Randall Peltzer le dice a su hijo Bill que debe cumplir a rajatabla para cuidar el regalo que le dio para Navidad: un hermoso mogwai llamado Gizmo. Nunca las siguió y todo estalló.
Detrás de esos malvados bichos verdes que destrozan todo lo que encuentran, hay una trama originaria que va más allá de la película producida por Steven Spielberg y dirigida por Joe Dante.
«Rayita» es el villano de «Gremlins».
En esa palabra, gremlin, se esconde un mito que involucra aviones ingleses que combatían a nazis, la traición de uno de los autores más conocidos de libros infantiles y un largometraje que empezó a producir Disney, pero que nunca hizo.
De qué trata la película “Gremlins” de Joe Dante
El film de 1984, producido por Warner Bros., tomó aspectos muy aislados de la mitología y el folclore detrás de los gremlins. Joe Dante solo se focalizó en diagramar una historia infantil que ocurriera durante las fiestas de Fin de Año en un pueblo que es desbordado por el desastre a partir de un inocente regalo.
Bill es un chico que recibe una mascota exótica para Navidad. Cuando no hace caso a las reglas que le dijeron que debía cumplir con Gizmo, se reproducen otros seres como el suyo. El problema es la metamorfosis posterior: la transformación genera desesperación, caos y destrucción.
Billy junto a Gizmo, en una escena de «Gremlins»
Con un guión de Chris Columbus, uno de los primeros que hizo en Hollywood, la idea primaria era hacerla incluso más oscura, con escenas violentas. Pero como quería que fuera algo infantil, se descartó. Igualmente, luce un humor negro pocas veces explorado en una película pensada para el público más chico.
En un principio, Gremlins se iba a estrenar a fin de año. Warner prefirió adelantar su llegada a las salas para tener una película de verano (en los Estados Unidos es a partir de junio), un concepto que la industria hizo fuerte a partir del fenómeno que produjo Tiburón en 1975. Por eso, se lanzó en agosto de 1984.
Con un escaso presupuesto de 11 millones de dólares, el film de Dante obtuvo en la taquilla 211 millones de dólares, apuntó el sitio Box Office Mojo. Luego vino una secuela, que amplió su universo. Sus historias se transformaron en un ícono de la cultura popular y una cita obligada en cada diciembre.
El origen de la mitología de los gremlins
En la sombra de ese éxito masivo hay otra trama que no se conoce tanto. De acuerdo a lo que cita la historiadora e investigadora June Reynolds en un artículo publicado en Medium, el origen de la palabra gremlins deriva del término anglosajón gremian, que significa fastidiar o molestar. Es, justamente, lo que hacen los monstruitos verdes en la película de Dante.
A la vez, hay otra posible explicación, que sería más conceptual. Según el mismo artículo, la creación de ese vocablo emerge a partir de la conjunción de la obra de los hermanos Grimm y uno de sus cuentos, en los que se menciona la “Fremlin Beer” (la cerveza de Fremlin).
Carol Rose, en su libro Spirits, Fairies, Leprechauns, and Goblins: An Encyclopedia, amplía esta idea y atribuye el origen de gremlin al folclore inglés y ratifica que es un acrónimo del nombre de “Grimm’s Fairy Tales y todo lo que rodea a la cerveza de Fremlin”.
La bebida era favorita entre los mecánicos y pilotos británicos de la Royal Air Force (RAF) que lucharon en los primeros combates bélicos del siglo XX.
Qué tienen que ver la Primera y la Segunda Guerra Mundial con los gremlins
De acuerdo al medio History.net, en la década de 1920, luego de la Primera Guerra Mundial, empezó a haber diferente clase de informes de expilotos de la RAF que declaraban que en Medio Oriente y la India había gremlins que intentaban dañar sus aviones, en medio de los combates.
“No fue hasta 1922 que nadie se atrevió a mencionar su nombre”, apuntó The Standard Dictionary of Folklore, Mythology, and Legend, en la explicación que hilvanó sobre el término.
A partir de entonces, las historias sobre estos “monstruos” se hicieron cada vez más populares. Con el correr de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial todos los pilotos ingleses del RAF sabían de qué se trataba la palabra.
Roald Dahl, el autor que le llevó a Disney la historia de los gremlins
El que posibilitó la llegada de los gremlins al imaginario popular fue el escritor Roald Dahl, conocido por una numerosa cantidad de obras infantiles que tuvieron mucho éxito y que se llevaron al cine: Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda, Las brujas, entre otros.
Antes de escribir cuentos y novelas, Dahl sirvió como piloto aéreo de la RAF. De acuerdo a lo que cita Jim Korkis, autor del libro Gremlin Trouble!: The Cursed Roald Dahl Film Disney Never Made en la web MousePlanet, el escritor “había sido relevado del servicio activo debido a problemas médicos que había sufrido en un accidente durante la Segunda Guerra Mundial cerca de Egipto”.
Durante dos semanas, Dahl pasó dos semanas en un barco que cruzó el Océano Atlántico desde Europa, en plena ebullición de la lucha contra los nazis. Tenía una nueva asignación como asistente agregado aéreo de la Embajada Británica en Washington, donde empezó a hacerse ver cada vez más.
En ese contexto, se hizo amigo de un colega: Douglas Bisgood, que iba a Canadá para instruir a otros oficiales. También había tenido un accidente y ya no podía combatir. Las charlas entre los dos fueron y vinieron, según consta en la obra de Korkis.
En ese diálogo dinámico, Bisgood le contó a Dahl lo que escribió durante su internación: que un gremlin había sido el responsable de ayudarlo en su recuperación. Cuando llegaron a suelo norteamericano, cada uno hizo su vida.
En 1942, el escritor lanzó su primera obra, The Gremlins. La trama era muy similar al relato que había hecho Bisgood.
La traición que empezó a sellar la suerte de la película de Roald Dahl
El sitio oficial sobre la vida de Roal Dahl señala que cuando el escritor ya estaba en Washington, mandó su libro a los jefes para que se la aprobaran. Al ser un militar, necesitaba ciertos requisitos de publicación. Cuando lo leyó el productor y empresario Sidney Bernstein, quedó impactado y se la mandó a Walt Disney. El proyecto de una película estaba en marcha.
El creador de la compañía de Mickey Mouse compró la historia y empezó a tener un ida y vuelta con Dahl. Incluso hay fotos de archivo en los que aparecen los dos y algunos muñecos de los gremlins pensados para el film.
La carátula del libro «The Gremlins» que escribió Roald Dahl y publicó Disney junto a Random House .
El estudio de Walt Disney empezó con la preproducción de la película, que iba a tener una mezcla de animación y live action, algo impensado para la época. De acuerdo al sitio History.Net, “Dahl relató sus propias experiencias con las criaturas en una historia que apareció en los periódicos estadounidenses, con dibujos originales de Disney”.
Por un lado, el proyecto se estancó porque Disney se ofuscó con Dahl. El escritor insistía en que el gremlin principal era un ícono de la RAF y él era su creador original. Nunca se pusieron de acuerdo con los derechos. Con el paso de los años, el productor la descartó, además, por el cansancio que generaba en el público la temática bélica tras la Segunda Guerra.
Por qué Walt Disney no hizo la película de los gremlins
Pero había una razón más detrás que hizo naufragar el proyecto en una primera instancia. Disney temía que si hacía una película “original” de Dahl se le viniera un juicio millonario. Estaba al tanto de que el narrador británico y Douglas Bisgood habían intercambiado un diálogo que, a la larga, se transformó en traición.
En MousePlanet, Jim Korkis publicó cartas originales que Bisgood le mandó a Disney diciendo que él era el autor original de la historia y, a su vez, varias de Dahl al productor, en las que “entierra” a su amigo.
Walt Disney junto a Roald Dahl, cuando mostraron los diseños en peluche del protagonista del libro «The Gremlins».
“Conozco muy bien a Bissie (por Bisgood) y discutí muchas veces sobre gremlins con él. Sin dudas es un eminente gremlinólogo. No creo, sin embargo, que debas tomar nada de lo que diga demasiado en serio y estoy bastante seguro de que no causará problemas”, expuso, en uno de los textos, de 1942. Con el correr de los meses, Disney abandonó el proyecto, definitivamente.
El film de 1984 que produjo Spielberg llegó de la mano de Warner Bros., que también desarrolló su propio concepto de gremlins, lejos de la trama de la guerra y focalizándose en una fábula con moraleja, que se convirtió en un clásico de las fiestas.
En 2017, el hijo de Bisgood le mandó una carta a Korkis en la que explicó que su padre murió en un accidente aéreo en 1947. Supo todo lo que ocurrió gracias a lo que le contó su madre.
“Mi padre nunca se sintió vengativo, sino creo que estuvo triste. (…) Es una lástima que Dahl haya logrado iniciarse en el mundo de la escritura de una manera tan tacaña. Que luego haya afirmado la originalidad de todo el concepto, solo entristecería más a mi padre”, comentó.
Detrás de ese velo del éxito hollywoodense, la ambición y la avaricia que parace haber tenido Dahl, también hay personas como Bisgood que algunas vez soñaron más alto que lo que vivieron. Y dejaron un legado.